¿ Salvar o dejar fallecer bajo los escombros ?

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Jaime Parejo García

26/08/2018

 

 

 

 

Salvar Vidas aplicando los medios más efectivos constatados, constituye una de las aspiraciones, obligaciones y responsabilidades principales de las Instituciones oficiales intervinientes ante desastres (Policía, Bomberos, Fuerzas Armadas…)

Nadie ignora que obedece a una lógica tan aplastante como incuestionable, la actual realidad de que aquellos supuestos “perros de rescate” que en simulacros técnicamente rigurosos (y no manipulados) no logran detectar la vida especialmente sepultada, menos aún podrán localizar las personas vivas sepultadas en situaciones reales.

Frente a ese contingente mundial, de los cinco continentes, que integraría a los ejemplares caninos que constatan la citada ineficacia frente a simulacros de real y correcta verificación técnico-operativa, se puede diferenciar por ejemplo, dos tipos de grupos, uno que denominaremos “A” constituido por aquellos que impulsados por meros intereses económicos, lesivo egocentrismo, encriptado acomodamiento, paralizante inseguridad, o celos institucionales, por ejemplos, persisten en intervenir ante desastres, con su ya constatada o quizás ignorada, homicida ineficacia, en muchos casos disfrazada, por ejemplo, con acreditaciones de operatividad canina indebidamente adjudicadas.

Generalmente se niegan de forma reiterada, a verificar conjuntamente con equipos caninos de rescate homologados Método Arcón, mediante la ejecución de simulacros suficientemente rigurosos y exigentes, que permitan constatar dónde existe una garantía real y sólida de localización y consecuente salvamento de personas vivas sepultadas, en todo tipo de posibles siniestros y situaciones, con el único objetivo de aplicar, con la necesaria urgencia, aquel sistema que demuestre totalmente mayor nivel de eficacia específica.

Y un segundo contingente, que denominaremos “B”, el cual aglutinaría a todos aquellos Guías, que independientemente del país o institución, debido a su patente y admirable calidad humana y profesional, mantienen y mantendrán siempre como inflexible y única prioridad innata, la de intervenir aplicando la mayor eficacia real verificada para favorecer al máximo posible la localización y salvamento de personas vivas sepultadas, y nunca el indirecto fallecimiento de las mismas (integran este grupo, por ejemplo, todas aquellas personas que con natural inmediatez y firmeza, por ejemplo, deciden cambiar su sistema antes adoptado, por la compleja y difícil aplicación del Método Arcón, o por aquello, sea lo que sea, que pudiese demostrada y comprobadamente, ofrecer la máxima efectividad posible).

Tengamos todos, siempre presente, que los desastres seguirán azotando las comunidades, resultando muy posible que por desgraciado azar, también sean amigos o familiares del denominado grupo A, quienes se encuentren en cualquier instante, aún con vida bajo los mortales escombros, y créanme, que aunque expongan ante los mismos derrumbamientos sus huecas y estériles acreditaciones de “operatividad”, espectaculares vehículos especializados, perros luciendo botitas, gafas, arneses o camaritas, sofisticados montajes de tirolinas para canes, o vistosos cascos de protección, si los perros no intervienen con altos niveles de efectividad, algo que lamentablemente entraña extrema complejidad y dificultad, tengan certeza de que los supervivientes sepultados no resultarán detectados, percibidos por el olfato canino, siendo por tanto condenados al mortal efecto erróneamente ignorado, de la implacable flota de máquinas excavadoras, o de diversas causas clínicas.

Los gobernantes competentes de cualquier país, Ecuador, México, Estados Unidos, Italia, España, etc, han de reflexionar sin más demora, y contemplar responsablemente la posibilidad de que quizás puedan estar destinando, por grave ignorancia, parte del presupuesto público a mantener, año tras año, una o más Unidades Caninas de Rescate, con nula eficacia, o también por ejemplo erigir monumentos públicos a supuestos perros de rescate “extraordinarios”, cuando en realidad los mismos pueden constituir contrariamente “farsas operativas de mortales consecuencias”, fomentándose así paradójicamente la desprotección de la ciudadanía, con su propio dinero, además, frente a los futuros siniestros que seguirán afectando a la misma. “Monumentos potenciadores de constatables farsas homicidas (en absoluto intencionadas aunque sí evitables o solucionables)” que indebidamente homenajean a supuestos “perros de rescate” y respectivos sistemas de formación/intervención, perros que tras observarse reiteradamente sus conductas de búsqueda por auténticos expertos, pueden concluir inequívocamente, como han sido ya diversos casos, que resulta técnico-operativamente imposible, las detecciones de personas sepultadas con vida, que inciertamente les atribuyen a los canes sus respectivos Guías (siendo a veces difundido ignoradamente por múltiples medios de comunicación), inducidos o motivados por diversas causas, que en ningún caso son fieles, sino que vulneran totalmente, los principios universales y esenciales de honor, bondad, nobleza, seguridad, ética, así como también el de obligado servicio institucional para el mayor bien y protección, posible, de la Comunidad, nacional e internacional.

El pasado nada lo puede cambiar, pero el futuro SÍ, así que nuevamente les pido encarecidamente y mientras viva lo seguiré manifestando, verifiquen sin excepción y máxima rigurosidad, todo aquello que exista para detección de supervivientes sepultados (no audibles ni visibles, y frente a todo tipo de situaciones), y adopten sin demora alguna, por encima de todo, aquello que demuestre mayor nivel de efectividad, sin olvidar nadie de que el paso por esta vida es realmente fugaz, y ¿qué mejor dedicación podría tener nuestro tiempo vital, cada uno en su campo, que entregarlo incondicionalmente al noble bien de la humanidad, al de todos los demás seres vivos, sin excepción, personas, animales…?.

El amenazante siniestro o desastre, seguirá atacando inevitablemente, sin esperar ni avisar, en un punto u otro y cuantos más perros y personas se formen con el medio más eficaz verificado, el Método Arcón, disponiendo de contingentes especializados in situ a ser posible, para lograr la máxima prontitud posible en las intervenciones, un factor también vitalmente imprescindible, así como el establecimiento ineludible del adecuado proceso de reciclaje periódico, más vidas se lograrán arrebatar al incansable monstruo de sus mortales garras, los silenciosos escombros sepultantes.

Informar además a las autoridades institucionales competentes de los diversos países de Latinoamérica, que en base a la potestad legal relativa a la explotación de mi obra científica que me confiere ser el Autor y Propietario Intelectual del Método Arcón, el respectivo registro oficial de marca, etc., decidí firmemente desde el principio, que no se perciban retribuciones económicas por la impartición de Cursos, Conferencias, ni cualquier otra actividad formativa Método Arcón, debiendo transmitirse siempre el Método Arcón humanitariamente, pues mi forma innata de sentir es totalmente contraria a negociar, enriquecerme, con el incremento del salvamento de vidas.

Ciertamente podría ser millonario, como se me ha ofertado en más de una ocasión, (explotando comercialmente el Método Arcón y no de forma humanitaria) en vez de vivir con lo imprescindible y necesario, pero en verdad prefiero infinitamente esa otra gran riqueza, que me genera interiormente, ser fiel a mi impulso natural de favorecer el bien de los demás, ofreciendo a todos de corazón mi mayor potencial junto a todo el fruto de tan ardua y dilatada labor, renunciando para ello, además, voluntariamente y sin límites, a toda promoción profesional, periodos vacacionales laborales, tiempo familiar, seguridad (afrontando voluntariamente máximos niveles de riesgo en intervenciones en pro del salvamento de vidas, como por ejemplo reptar repetitivamente, al igual que los equipos caninos a mi cargo, en mínimo número imprescindible, luchando en ocasiones contra paralizantes y abruptos encastramientos, casi siempre bajo inestables toneladas de escombros, frecuentemente agitados, con extrema peligrosidad, por las constantes réplicas sísmicas, aunque habiendo detectado así también nuestros perros, supervivientes sepultados, consecuentemente extraido y salvado/a), entre otros muchos aspectos importantes,

Además puntualizar que se garantizan resultados máximos, en lo que respecta al nivel operativo final de los perros de búsqueda, formados, homologados y adecuadamente consolidados Método Arcón (mediante documento previo si se requiere), resultados máximos que ya han sido extremadamente demostrados, tanto en las intervenciones reales, como en las decenas de cursos oficiales impartidos, con la continua participación y rigurosa verificación de numerosas instituciones y países, debiendo recordarse que aunque un perro sea formado y homologado, con un método altamente efectivo, su extraordinario nivel de efectividad, de operatividad, puede peligrosamente aminorarse o destruirse incluso, en tan solo días o semanas, si el responsable de formación de la Unidad Canina que integrase, tal como ha sucedido y seguirá sucediendo en ciertas ocasiones, aborda incorrectamente la dirección del posterior y periódico entrenamiento canino, debido a diversas causas como son la insuficiente capacidad, el irresponsable ego, carencia de rigurosidad, etc.

Para que toda esta trascendente reflexión pueda generar la pretendida fuerza vinculante que socialmente debería imponerse para bien general, resultaría esencial que todas y cada una de las personas que abordasen la responsable lectura de este artículo, se autoimaginasen durante segundos, intentando experimentar la mayor dosis de empatía posible, en la siguiente situación que a cualquiera de todos nosotros puede suceder en cualquier instante y lugar, al igual que le ocurre, de forma imprevista, a miles de personas, año tras año, en un punto u otro del planeta (tras terremotos, deslizamientos, fallos estructurales, explosiones…):

“Un rugido estructural seguido del instantáneo aprisionamiento en un oscuro y polvoriento hueco temporalmente vital, bajo una masa de escombros, tan enmudecedora como imprevisible, en compañía a veces, de más o menos seres queridos, sufriendo sobre todo la angustiosa incertidumbre, si llegará a tiempo o no, un medio de búsqueda y detección, suficientemente eficaz para localizarlos y poder salvarlos, y no cualquier otro, insuficientemente efectivo, que los dejaría, de forma ignorada, abandonados, condenados a una muerte segura, tras el inevitable sufrimiento de toda índole, más o menos dilatado”.

“Salvar o dejar fallecer bajo los escombros”, lo dejo a modo de trascendente reflexión para las personas de buena voluntad, para las que están en vías de serlo, y también para las que nunca lo serán.

 

Jaime Parejo García

 

 

 

Descripción Fotografía:
Jaime Parejo, junto a Ildefonso Canelo, y el Perro de Rescate Método Arcón “Turki”, tras ascender de urgencia mediante un medio improvisado, sobre la cabeza taladradora de una máquina de demolición, quien se dispone (afrontando un nivel de inestabilidad en altura con extremo riesgo) a introducir el perro por una ventana al edificio siniestrado que presentaba los potenciales accesos interiores totalmente bloqueados por colapso (Seísmo-Sakarya, Turquía en Agosto 1999).
José María Castroviejo y Bolíbar, entonces Cónsul General de España en Turquía, acreditó bajo documento oficial el significativo hecho de que entre los más de 1600 rescatadores con perros, extranjeros, que se encontraban en Turquía con motivo del citado terremoto, fue el equipo del Consorcio de Bomberos de Huelva dirigido por Jaime Parejo el elegido para certificar la situación de viabilidad para desescombro por ausencia de víctimas en los edificios derrumbados, destacando además el especial reconocimiento de las Autoridades Turcas por los resultados de rescate y salvamento de esta Unidad, única interviniendo entonces en el citado desastre, cuyo sistema de formación e intervención era el Método Arcón.